El fuego, protagonista de las Fallas
· El fuego es el alma de las Fallas: tradición, pólvora, música y renovación en una fiesta donde arder no es desaparecer, sino volver a empezar.
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28/12/2025 ― El pueblo valenciano ha sabido dominar el fuego desde hace siglos, y ese dominio ha convertido a este elemento en principio y fin de muchas de sus tradiciones. En Valencia, el fuego no es solo una herramienta ni un espectáculo: es lenguaje, símbolo y memoria colectiva.
No hay fiesta valenciana que no incluya el fuego en alguna de sus formas. Pero si hay una celebración en la que el fuego adquiere un papel absoluto, casi sagrado, esa es la fiesta de las Fallas. Aquí, el fuego no acompaña: manda.
Cualquier día de Fallas empieza con pólvora y fuegos
Son las ocho de la mañana del quince de marzo. La ciudad apenas ha despertado y, sin embargo, los falleros anuncian el inicio de un nuevo día con pólvora, estruendo y fuego. Desde ese instante, la pólvora no dejará de explotar hasta que caiga el último monumento. Masclets, trons de bac y mascletàs se sirven del fuego para proclamar su presencia, mientras las bandas de música ponen ritmo y alma a una ciudad que ya no duerme.
El fuego también es protagonista en los casales. Allí, la llama es punto de reunión: a veces para calentarse, pero sobre todo para compartir. Compartir mesa, conversación y tradición. Los platos típicos se cocinan a fuego lento, como manda la costumbre, y su degustación suele estar abierta a todo aquel que se acerque con respeto y ganas de formar parte del ambiente. Porque las Fallas se disfrutan y se viven.
Y cuando cae la noche, el fuego se transforma. Los pequeños pigmentos de colores y la música hacen que las llamas resplandezcan en azul, verde o rojo, recortándose contra un cielo que actúa como telón de fondo. La ciudad se convierte entonces en un escenario donde luz, sonido y fuego se funden en una experiencia casi hipnótica.

El fuego protagonista el diecinueve de marzo
Pero es el diecinueve de marzo cuando el fuego adquiere, sin discusión, su papel definitivo. Es la noche de San José, la noche de la Cremà. El momento en el que surge la gran paradoja del fuego fallero: según la tradición, el fuego debe convertir el monumento en ceniza para llevarse consigo lo malo del año anterior, lo negativo, lo impuro… y permitir así empezar de nuevo.
He de aclarar que esto es solo una fantasía y no es cierto. Si fuera verdad, el día de Fallas desaparecerían de España prácticamente todos los políticos, y Zapatero junto con Feijóo y Pedro Sánchez serían de los primeros en arder. Pero, lamentablemente, esto no deja de ser una tradición filosófica. Eso sí, algo tiene el fuego en Valencia que hace que no quieras que se extinga nunca.
En ese instante, rodeado de gente, sientes como si hubiera una llama en cada una de las personas que te acompañan. Como si una danza colectiva, movida al ritmo de los latidos de tu propio pecho, rodeara la gigantesca hoguera y diera paso a un rito ancestral de renovación. No es solo madera lo que arde: es tiempo, esfuerzo, crítica, arte y emoción.
Es justo entonces cuando te das cuenta de que la fiesta de las Fallas tiene algo que te atrapa y te envuelve con un fuego cálido, nunca abrasador. Un fuego que consume, sí… pero que también crea. Que destruye para volver a empezar. Como la propia vida.
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Sobre Valencia:
El ninot indultado es una tradición de benevolencia ― Imitando a algunas tradiciones sobre los indultos de presos, en la Fallas se practica algo similar con los ninots mejores de cada falla. Después de una selección, se elige el mejor y se indulta del fuego de las llamas.
1612 - Disfrutar del turismo de vacaciones en Valencia es sentir el Mediterráneo en estado puro y envolverte en la magia de la luz y el color.
♦ Unas notas más:
Cuando las llamas devoran el monumento y el calor golpea el rostro, entiendes que las Fallas no son solo una fiesta, sino una forma de mirar el mundo. El fuego no actúa como un enemigo, sino como un juez implacable y honesto que no distingue entre lo bello y lo efímero. Todo arde por igual, y en esa igualdad reside su grandeza.
Las Fallas nos recuerdan que nada es eterno, que incluso lo más admirado debe desaparecer para dejar espacio a lo nuevo. El fuego purifica, pero también libera; duele, pero reconcilia. Y mientras las cenizas caen y el humo se disuelve en el cielo valenciano, queda la certeza de que, al día siguiente, algo empezará a gestarse de nuevo. Porque en Valencia el fuego no destruye sin sentido: enseña, renueva y une. Y quizá por eso, año tras año, seguimos acercándonos a las llamas sin miedo, sabiendo que, al final, siempre salimos un poco más vivos.
